Cuando le preguntaron al arquitecto Thom Mayne, premio Pritzker, qué opinaba sobre los comentarios de algunos críticos a quienes no les gustaba como se veía su nuevo edificio, el Centro de Oficinas del Gobierno Federal en San Francisco, respondió que hablar únicamente del aspecto estético le parecía un insulto: “Cómo se ven las cosas es el resultado de un proceso de pensamiento, de un sistema de valores. Por ejemplo, el ala de un avión o una escalera requiere tener primero una forma específica para poder funcionar, lo más importante es lo que el edificio provoca y cuáles son sus cualidades.”

La manera en la que los edificios se relacionan con el medio físico, social y económico, no sólo definen nuestro comportamiento y productividad, sino que también plasman los ideales más profundos en los que como sociedad creemos.

Las ciudades representan la segunda causa de producción de CO2 y consumen más del 40% de la energía mundial. En The Value of the World’s Ecosystem Services and Natural Capital, estudio realizado por una multiplicidad de instituciones de investigación, y en el Millennium Ecosystem Assessment, constituida por más de 1 600 investigaciones científicas sobre el patrimonio económico que los ecosistemas proveen a la civilización global, coinciden en una cifra mínima estimada anual de 33 billones de dólares -1.8 del PNB- los cuales serían necesarios para producir los bienes y servicios que los ecosistemas nos proveen de manera “gratuita”. Como civilización planetaria somos incapaces de producir esta riqueza, lo cual nos hace dependientes.

La salud de los medios naturales de producción ejerce un impacto directo en nuestro desarrollo y supervivencia.

Diariamente, 80 000 personas migran del campo a la Ciudad de México. De esta cifra, 58% de ellas vivirán en un asentamiento irregular. Por primera vez en la historia son más los habitantes que viven en las ciudades que en cualquier otra parte del mundo. Luego entonces, existe una gran responsabilidad por parte de los ingenieros, arquitectos, urbanistas, desarrolladores, inversionistas, autoridades, políticos y todo aquel que se encuentre relacionado con la toma de decisiones para crear todo tipo de nuevos edificios. Pero, ¿cuáles son las pautas principales que estos nuevos diseños deben seguir? ¿Cómo deben ser diseñados los nuevos edificios para que tomen en cuenta esta realidad planetaria? Finalmente, ¿cómo deben relacionarse el medio construido y el natural?

Para el ingeniero Warner Sobek, investigador de la universidad de Stuttgart, todo lo que está construido forma parte del medio natural y para su correcta ejecución debe generarse de un proceso “culto” e informado. Para ello, diversos especialistas han desarrollado una gama interesante de teorías y tesis basadas en novedosos modelos económicos, ecológicos y sociales. Como es el caso de William McDonough y Michael Brunhart con su libro revelador “De la Cuna a la Cuna.”

Por su parte, la tecnología lleva desarrollando desde hace unos 10 años diversas herramientas que forzosamente se convertirán en un estándar de uso común en los despachos de diseño, arquitectura, ingeniería y para la legislación en el mundo de la construcción. El consenso generalizado apunta hacia la obtención de datos generados por una serie de análisis diversos que basan sus resultados en la capacidad computacional predictiva. Estos análisis permiten contestar preguntas fundamentales sobre la forma en la que se comportan los edificios en un medio particular y para un cliente especifico. ¿Cuánta energía gasta el edifico y cuáles son los elementos que contribuyen a dicho gasto? ¿Cuáles son las estrategias más eficientes para cada caso? ¿Qué gasto económico, social y medioambiental conlleva el no realizar este tipo de diseños basados en el comportamiento de las edificaciones?

La etapa de análisis se realiza paralelamente a la del diseño conceptual.  Una informa a la otra de los posibles cambios necesarios para lograr un benchmark; diversos parámetros son estudiados, como la cantidad y tipo de luz natural que entra en el edificio, la temperatura máxima y mínima, el uso del agua, la operabilidad del edificio por parte de sus usuarios, el nivel de aislamiento térmico/acústico, la toxicidad de los materiales y un sinfín de elementos más. Generalmente estos valores se encuentran consensados por alguna institución regulatoria, como en EUA por el USGBC (Consejo de Edificación Verde de los Estados Unidos). En México, ante la falta de una institución organizada que englobe la variedad de diversas normatividades, los desarrolladores han fijado sus miradas al sistema de certificación del USGBC que ya cuenta con  460 proyectos certificados y  más de 13 millones de m2 en el territorio nacional.

El USGBC promueve un sistema de certificaciones que representan un primer paso hacia la dirección correcta. Sin embargo, aún se queda corto frente a la exigencia necesaria para enfrentar el reto medioambiental contemporáneo.

No será suficiente diseñar edificios que no contaminen o que “conserven el medio ambiente”, sino que estos tendrán la obligación de contribuir al enriquecimiento de los ecosistemas. Nuestros diseños se verán informados de diversas estrategias que busquen un “metabolismo prodigioso” y generador de abundancia, tal cual como lo hacen todos los medios naturales de producción del planeta y de los que depende nuestra existencia.

About the author

admin

Directory Wizard powered by www.polldirectory.net

REGÍSTRATE

Al conectarte podrás:

  • Difundir productos y servicios a nivel internacional
  • Enviar proyectos
  • Recibir el boletín de novedades editoriales
  • Gestionar tu perfil

 

¡Es fácil y gratis!

Te damos la bienvenida a la comunidad A+C siendo la guía perfecta para sobresalir en el mercado internacional sin fronteras y vital para el éxito de sus negocios. ¡Desde hoy estas un paso adelante!