Por: arq. Sandra Forero Ramírez*

Presidente ejecutiva de la Cámara Colombiana de Construcción, Camacol

 Es bien conocido que el sector de la construcción es un instrumento de gran relevancia en la política económica, siendo muy reconocida su contribución para acelerar el crecimiento, crear empleo y convertirse en un pilar simultáneo del consumo (en relación a los insumos), inversión (hogares y firmas) y valor agregado.

La principal característica del sector viene dada por su capacidad de impulsar las industrias proveedoras de insumos en un primer nivel, y generar efectos multiplicadores sobre la cadena de valor que alimentan a su vez a estas industrias. Adicionalmente, sus encadenamientos hacia adelante subyacen de ser un insumo para la financiación y la prestación de actividades inmobiliarias, sin desconocer los efectos positivos para los sectores mobiliarios y de servicios de remodelación.

Sólo en el caso de Colombia hay cerca de 13 millones de viviendas en todo el territorio nacional que demandan más de 5 billones de pesos anuales en insumos para reparaciones y remodelaciones, valor que se suma a los 30 billones de pesos que se demandan en materiales para la construcción de 28 millones de m2 nuevos desarrollados cada año. Con esto y las obras civiles, se generan 1.4 millones de empleos directos para el país.

La actividad edificadora, en particular de vivienda, además de reproducir el auge y la desaceleración de la economía, tiene efectos sociales y redistributivos sobre el conjunto de la población. La decisión de invertir puede sesgarse por fases del ciclo económico, pero elementos como el proceso de urbanización que enfrenta el país, la creciente formación de clase media, la persistencia de un mercado de arrendamiento para el 50% de los hogares del país, la decreciente tendencia en el tamaño de los hogares y la recuperación prevista de algunos mercados regionales, son elementos que no se pueden desligar del análisis.

Desde el gremio, la perspectiva de crecimiento del PIB de edificaciones para el cierre de 2016 es de 5,2% con un sesgo al alza que la podría llevar al 9.7%, si se ejecutan los avances de obra de los programas de vivienda y de construcción de establecimientos educativos previstos para 2016. Para el 2017, la proyección es de 5,1% anual que describiría un escenario de moderación alineada con factores del contexto económico interno y foráneo.

De este modo, seguir pensando en la construcción como motor de la industria nacional en la transición hacia una nueva economía hace reflexionar sobre su potencial de crecimiento. Las cifras son contundentes y describen un positivo espacio de crecimiento de largo plazo: la formación de 250.000 hogares por año, un déficit habitacional de 1,3 millones de viviendas, un acelerado proceso de urbanización, nuevas ciudades con incipientes desarrollos inmobiliarios y el 48% de la población viviendo en condición de arrendamiento, son apenas algunas señales de lo que le deparará a la construcción y a la industria en su trascendental papel de engranar el aparato productivo en un nuevo contexto económico.


*Sobre la autora: Presidente ejecutiva de la Cámara Colombiana de Construcción, Camacol desde junio de 2011. Forero es arquitecta de la Universidad Piloto de Colombia, con especialización en arquitectura urbana CEAA de la Escuela de Arquitectura de París Belleville; montaje de operaciones públicas de la escuela de arquitectura de París Villemin; y derecho urbano de la Universidad del Rosario en Colombia. Es además maestra en urbanismo del Instituto IEAL de la Universidad de la Sorbona de París.
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