El reto actual de la conservación del patrimonio

Garantizar la permanencia del patrimonio urbano arquitectónico en un país como el nuestro, que cuenta con un bagaje tan antiguo que corre desde la época prehispánica, la época virreinal y el México independiente del siglo XIX con más de 120,000 monumentos históricos y un innumerable patrimonio artístico constituido por toda la obra del siglo XX; resulta todo un reto para los profesionistas dedicados a la conservación de tan vasto acervo patrimonial; el ¿cómo?, ¿para qué? y ¿con que?, siguen siendo preguntas vigentes que día a día debemos enfrentar y confrontar en las intervenciones que hacemos en él.

Modernizar el patrimonio es todo un reto; no se trata tan solo de adicionarle nuevas instalaciones y modernas tecnologías, modificar el uso del espacio original y/o reciclar sus materiales y mejorar sus sistemas constructivos, integrar nuevos y vanguardistas elementos arquitectónicos y de ingeniería para volver a poner en funcionamiento un edificio histórico, un espacio público o inclusive modificarlo y transfigurarlo  incorporándole nuevos conjuntos arquitectónicos a esos inmuebles ya desgatados por el tiempo; realizar cualquiera de estas acciones la mayoría de las veces no requiere mayor preparación que la de un buen arquitecto o ingeniero, pero; reflexionar y discutir sobre cuales son aquellos discursos y valores patrimoniales que debemos garantizar y transmitir hacia el futuro; sin menos cabo de las nuevas y variadas funciones que nuestro mundo moderno requiere; ha resultado sumamente complicado.

Ejemplos tenemos a muchos, espacios públicos que se han transfigurado y transformado en todo lo contrario a lo que fueron antiguamente, como la Plaza de Garibaldi, la Alameda Central y la Plaza de la Republica; son todos ejemplos de excelentes intervenciones, con nuevos materiales, modernas instalaciones y hasta con nueva imagen; pero con nulo conocimiento de la conservación y la restauración, tanto así que a Garibaldi y la Alameda ya se va por moda y distinción, en estos espacios no se recuerda la tradición de la buena música mexicana acompañada de un buen trago de tequila; ni mucho menos el significado de un placentero paseo dominical por aquellos andadores llenos de Álamos de la Alameda Central y que decir de la Plaza de República a la que ahora solo se acude por un buen chapuzón o un concierto público al aire libre, del recuerdo de aquello que reflejado en el monumento nos forjó la patria e identidad, poco queda ya.

Y esto es tan grave como confundir la conservación de nuestros bienes patrimoniales, con ejercer grandes esfuerzos de ingeniería para mover y desplazar toda una casa porfiriana del siglo XIX y así poder construir un mega edificio como el de la Torre Reforma; dejando sin dignidad lo que ahora fuera una de las mejores arquitecturas del país.

Así entonces; con el gran acervo patrimonial que aún nos queda, es importante prepararnos, confrontarlo y transmitirlo con toda la fuerza de su naturaleza, de su originalidad y conscientes de que dicho patrimonio no es estático, que requiere ser modernizado pero que también requiere ser respetado y dignificado; con buenas intervenciones y profesionistas especializados.